VERSÍCULO CLAVE: Gálatas 3:11

<<Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá».

Nadie quisiera ser estafado, engañado o caer en una trampa. Tampoco nadie quisiera que al leer la letra pequeña de un contrato, encontrarse con expectativas o demandas ocultas.

Cuando Dios da Su palabra a su pueblo, podemos confiar que la cumplirá. El no hace nada engañosamente, y no hace una promesa para después olvidarse de ella. Los gálatas habían recibido el Evangelio y se habían convertido en seguidores de Cristo. Sin embargo, se confundieron por la enseñanza errada de algunos que querían agregar condiciones al Evangelio: la observancia de la ley mosaica. Pablo le dijo a los gálatas que Dios no consideraba la ley un requisito para la salvación, y los exhortó que ellos tampoco debían hacerlo.

1. RECIBIR EL ESPÍRITU POR LA FE

Gálatas 3: 1‐9

Los cristianos gálatas se estaban alejando de la verdad (Gálatas 3:1). Los falsos maestros llamados judaizantes les dijeron que, para ser salvos, debían guardar la ley de Moisés además de tener fe en Cristo. Entonces Pablo les recordó que ellos habían experimentado al Espíritu Santo, y el Espíritu estaba obrando en ellos de manera poderosa y milagrosa. Esto claramente no era posible a través de la Ley, sino a través de la fe en Cristo (vv. 2.5).

Los gálatas también dependían de sus propios esfuerzos para el crecimiento espiritual (v. 3). Pero el esfuerzo personal no puede producir crecimiento espiritual; sólo la fe en Jesucristo y la rendición al Espíritu Santo pueden producir crecimiento (véase Gálatas 5:22‐25). Si los gálatas no regresaban al punto de vista correcto de ser justificados con Dios por la fe en Cristo, todo lo que Dios les había dado podría ser en vano (Gálatas 324).

Pablo usó a Abraham para ilustrar la importancia de la fe. Dios le prometió a Abraham que tendría descendientes innumerables, aunque en ese momento era anciano y no tenía hijos. En respuesta, <<Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia» (Gálatas 3:6).

Independientemente de su raza o nacionalidad, todos los que creen en Cristo se convierten en hijos de Dios, e hijos <<espirituales» de Abraham, cumpliendo la promesa de Dios (v. 7; véase Juan 1:12). Por su fe, Abraham fue justificado ante Dios. Del mismo modo, los cristianos gentiles podían ser justificados ante Dios mediante la fe (véase también Romanos 4:9‐12).

Toda nación sería bendecida a través de Abraham (Gálatas 3:8). A través de la familia de Abraham, Dios enviaría a su Hijo unigénito, Jesús, a traer la salvación a todos los que creyeran. Serían justificados, reconciliados con Dios, cuando creyeran al Señor, al igual que Abraham creyó (v. 9).

2. RECHAZAR LA CONFIANZA EN LA LEY

Gálatas 3:10‐ 14

Los judaizantes habían confundido a los cristianos de Galacia, e insistían en que observaran la Ley en vez de confiar en el sacrificio deCristo para su salvación. Pablo fue bastante franco al refutar esto: los que confían en la Ley son malditos porque no pueden obedecer la Ley a la perfección (Gálatas 3:10).

La Ley no justifica a nadie, y algunos se sorprenderán de que Pablo citara el Antiguo Testamento para demostrar esto: <<El justo por la fe vivirá» (v. 11 ; véase Habacuc 2:4). La Ley era ineficaz para hacerlo que sólo la fe podía. Note el contraste entre la fe y la Ley expresado en los versículos 11 y 12. En Cristo, los justos viven por la fe. Pero la Ley no tiene su fundamento en la fe; más bien, exige que la persona viva de acuerdo a sus mandatos (véase Levítico 18:5).

El ser humano no puede cumplir la Ley cabalmente y merece castigo por violarla. Sin embargo en el versículo 13, Pablo declara que Cristo nos ha redimido de la maldición de la ley al ser hecho maldición por nosotros, en la cruz. Cristo, como Hijo de Dios, tuvo una vida perfecta, inocente de todo pecado (véase Mateo 1715). Sin embargo, se sometió a la muerte de un criminal. En los tiempos de Jesús, quien colgaba de una cruz era visto como maldito y, por lo tanto, sufría el juicio divino (véase Isaías 53:4).

A través de Cristo, la bendición que recibió Abraham llega a todos los que ejercen fe en El (Gálatas 3:14). Así como Abraham fue considerado justo al creer en la promesa de Dios, todos los que ponen su fe en Cristo son justificados ante Dios.

Los creyentes también reciben el Espíritu Santo en su vida en el momento de la salvación (véase Romanos 8:9). Además, cada creyente a través del Espíritu Santo puede ser investido de poder para el servicio y la evangelización (véase Hechos 1:8; Lucas 11:13). Cuando nosotros, los descendientes espirituales de Abraham, llevamos el evangelio al mundo, las personas pueden ser justificadas ante Dios por la fe, tal como lo fue Abraham.

3. LA PROMESA DE DIOS SE RECIBE POR LA FE

Gálatas 3:15‐22

Pablo repasó la historia familiar de Abraham para mostrar cómo Dios trae salvación a todos los que creen, sean estos judíos o gentiles (Gálatas 3:15,16). El pacto de Dios se construyó sobre su promesa de dar a Abraham innumerables descendientes y bendecir al mundo a través de él (Génesis 12:1‐3). Fue 430 años después de que estableciera su pacto con Abraham, que Dios le dio la Ley a su pueblo (Gálatas 3:17). La finalidad de la ley no era anular el pacto de Dios o anular su promesa, esta siempre vendrá a nosotros a través de la fe (v. 18).

La promesa de Dios de bendecir a todas las naciones a través de Abraham se enfocó en la <<simiente» de Abraham, Cristo (v.16)

A través de la muerte sacrificial de Cristo y la resurrección milagrosa, El trae perdón de los pecados y adopción a la familia de Dios, cumpliendo la promesa de Dios de bendecir al mundo entero a través de Abraham (véase Lucas 24:46,47).

Tal vez nos preguntamos, ¿cuál es el propósito de la Ley en el plan de Dios si somos salvos por la fe? La ley revela el pecado, porque nos revela lo que significa desobedecer a Dios. También muestra nuestra inclinación y esclavitud al pecado. Y así como la Ley revela nuestra posición de impiedad ante Dios (Gálatas 3:19; véase también Romanos 4:15). Y mientras la Ley vino a través de un mediador (Moisés), Dios le dio su promesa a Abraham sin un mediador. El único deber del patriarca era creer que por la gracia de Dios este se cumpliría (v. 20).

La Ley no se opone a las promesas de Dios (v. 21). Sin embargo, debemos reconocer su propósito, y por lo tanto su valor. No fue dada para impartir vida, sino para mostrarnos nuestro pecado. La Escritura es clara: todo ser humano ha pecado (v. 22; véase Romanos 3:23). Los perdidos están cautivos al pecado. Pero a través de la fe en Cristo somos salvos por gracia, liberados del poder y de la esclavitud del pecado.

EL LLAMADO AL DISCIPULADO

Al estudiar esta lección, algunos podrían preguntarse de qué manera la Ley es pertinente para nosotros hoy. Al estudiar Gálatas, tenga en mente que es imposible para usted hacerse aceptable ante Dios a través de las buenas obras. Así que rechace todos los intentos de lograr el favor de Dios a través de su comportamiento y confíe sólo en Cristo para el perdón y la salvación. No concentre su esfuerzo en ganar la aprobación de Dios, sino reciba las bendiciones de Dios por la fe en Cristo.

¿Está usted en un lugar de total dependencia de Cristo para la salvación? Es fácil caer en una trampa del desempeño, creyendo que usted es lo suficientemente bueno, o que no lo es, basado en sus obras. Es vital mantener su enfoque en el sacrificio de Cristo. ¿Cuál es su enfoque hoy?

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