Eliseo y la Sunamita

2 Reyes 4:8-37 Reina-Valera 1995 (RVR1995)

Aconteció también que un día pasaba Eliseo por Sunem, y una mujer importante que allí vivía le invitó insistentemente a que se quedara a comer. Cuando él pasaba por allí, venía a la casa de ella a comer. Entonces la mujer dijo a su marido:

—Mira, yo sé que este que siempre pasa por nuestra casa es un santo hombre de Dios. 10 Te ruego que hagamos un pequeño aposento de paredes, pongamos allí una cama, una mesa, una silla y un candelabro, para que cuando él venga a visitarnos, se quede en él. — Lee en tu biblia todo el contenido, o hazlo aqui para ingresar al pasaje en linea VER TODO EL PASAJE

Dios no pasa por alto las acciones generosas de sus hijos. El siempre obrará a favor de aquellos que acuden a él con fe y perseveran en la oración.
Reflexionar sobre las virtudes de la sunamita. Apreciar el valor de la fe y la perseverancia para ver realizado el milagro. Mantener la fidelidad a Dios a pesar de las circunstancias.

INTRODUCCIÓN

Como creyentes, sabemos que Dios siempre está dispuesto a bendecir a sus hijos. El desea el bienestar de su pueblo (Jeremías 29:11). Sin embargo. sabemos que, como humanos, no estamos exentos de adversidades. aunque muchas veces nos cuesta trabajo aceptarlas.
Sunem conocida actualmente como Solem se encontraba a unos 30 km aproximadamente del monte Carmelo. En sus recorridos el profeta Eliseo pasaba frecuentemente por esa aldea. Allí vivía una mujer piadosa que ofreció su hogar al siervo de Dios. El Señor muestra su poder en la vida de esta dama, primero al darle un hijo, y después, resucitándolo.

A través de esta historia aprenderemos que el Señor siempre recompensa la generosidad y la fe de sus hijos, y que en los momentos de aflicción siempre responde cuando le buscamos en oración y ruego.

1. LA PROMESA DE UN HlJO (4:8-17)

Nota complementaria
Una mujer de Sunem  reconoció a Eliseo como «santo hombre de Dios» Así como ciertas mujeres adineradas apoyaron a Jesús y a sus discípulos durante el tiempo que nuestro Señor estuvo en la tierra (Lucas 8: 1-3), también esta mujer proveyó posada ); comida para el profeta de Dios. ¡Gracias a Dios por el fiel servicio que las mujeres cristianas continúan prestando en nuestras iglesias de hoy en día! (Arno ]. Wolfgramm. La Biblia Popular, Reyes. pág. 190).

Cada vez que Eliseo pasaba por Sunem, una mujer insistía en que el siervo de Dios se detuviera a comer en su hogar. Se describe a la señora como importante, lo que significa que era deposición acomodada. También se distinguía por ser hospitalaria, pues le pide a su marido arreglar una habitación con algunos enseres básicos para hospedar al profeta cada vez que llegara a esa aldea.
Notemos el alto concepto que tenía la mujer de Eliseo. Lo llama varón santo de Dios (4:9). solo aparece aquí esta forma de describir a un profeta. Más que una cualidad moral, la idea que refleja la expresión es la de alguien consagrado a Dios, como los sacerdotes o los nazareos. La sunamita entendía que el profeta era un verdadero siervo de Jehová.
Eliseo muestra su gratitud por la generosidad de la mujer. Ofreció usar su influencia para hablar por ella ante el rey o el general del ejército. La respuesta de la dama fue: No me falta nada; vivo tranquila entre mi gente (4:13TLA). Entonces Giezi señaló la verdadera necesidad de la sunamita. Ella era estéril y su marido anciano (4:14); morirían sin tener un heredero. Para la mujer israelita, el no tener hijos era considerado como un verdadero estigma, y aunque lo callara y ocultara. sin duda, era algo que sentía en lo profundo de su corazón. .
El año que viene, por este tiempo, abrazarás un hijo(4:16). Este sería el regalo para la sunamita por haber sido tan atenta con el siervo de Dios. Pero a ella le costaba trabajo creer que su más grande anhelo podía cumplirse. Incluso ella le pide a Eliseo: . . . no hagas burla de tu siervo. Con frecuencia, la duda aparece junto al milagro. Parece demasiado bueno para ser verdad.
Sin embargo, la palabra del profeta se cumplió. Al tiempo señalado, la mujer dio a luz un hijo (14:17).
Dios se especializa en hacer habitar en familia a la estéril, que se goza en ser madre de hijos (Salmos 113: 9 ) . La Biblia está llena de relatos de esta naturaleza. el Señor obró en mujeres estériles. que dieron a luz a grandes hombres de Dios: Sara a Isaac, Raquel a José, Ana 3 Samuel, la mujer de Mama 3 Sansón y Elisabet a Juan el Bautista.

II . LA TRAGEDIA DE LA SUNAMITA (4:18-20)

Nota complementaria
La trágica muerte del niño cuando éste tenía pocos años, fue provocada probablemente por la insolación. Ella acudió inmediatamente al «varón de Dios». El niño había sido una respuesta a la oración, una bendición para llenar el vacío que había en la vida de la mujer. Ni Eliseo ni la madre podían creer que Dios le diera un hijo como recompensa, para luego quítárselo antes de que pudiera ver perpetuada su familia (Pablo Hoff. Los Libros Históricos. pág. 195).

Todo parecía ir bien en el hogar de la sunamita, y de pronto llegó la tragedia… Era la época de la cosecha. y quizá debido al calor. el muchacho comenzó a quejarse de un intenso dolor de cabeza. Tal vez sufría de insolación. El padre del jovencito mandó que lo llevaran con su madre, quien lo mantuvo en su regazo hasta que el hijo finalmente murió (4:18‐20).
Es difícil saber por qué el Señor permitió que esto ocurriera. ¿Para qué recibir un hijo de una manera tan extraordinaria y luego perderlo de forma tan repentina? No siempre hay una explicación a las tragedias que nos ocurren. Pero cada una de ellas puede ser una ocasión para que el poder de Dios se manifieste. Sin duda, los hechos posteriores demostrarían que este matrimonio llegaría a gozar de la sorprendente bendición de tener un hijo inesperado, muerto y resucitado. Además, este incidente tan doloroso para el hogar de Sunem. fue la ocasión para que el siervo de Dios realizara el más maravilloso de todos sus milagros.

Luego de que el muchacho murió. la sunamita lo puso en el cuarto donde hospedaba a Eliseo. Entonces le expresa a su marido sus intenciones de acudir al profeta. Al esposo le extraña que quisiera hacer esa visita: ¿Para qué vas a verle hoy? No es nueva luna, ni día de reposo (4:23). Sobre esto comenta Carroll Gillis: En el corrompido Israel, el culto de Jehová estaba desorganizado, y parece que el pueblo prefería consultar a los profetas en vez de los sacerdotes…Las consultas a los profetas se hacían sólo en días especiales :sábados, nueva luna, etc. (El Antiguo Testamento: Un comentario sobre su historia y literatura. pág. 95).

La mujer se dirigió apresuradamente al monte Carmelo a buscar a Eliseo (4:22‐25). Al verla llegar, envió a Giezi a recibirla. La breve respuesta de la sunamita a las preguntas del criado indicaba su deseo de exponer su pena sólo frente al siervo de Dios. Pensaba que él era el único que podría ayudarla. La aflicción ha de llevamos siempre a acudir al lugar correcto. La Escritura nos exhorta a acercarnos al trono de la gracia. es ahí donde podemos alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro (Hebreos 4:16). Buscar a Dios en oración y ruego puede cambiar nuestras circunstancias.
Cuando la sunamita llegó ante el profeta se aferró a sus pies en señal de respeto, pero también de desesperación. Eliseo no sabía la causa de la pena de la mujer, pero al escuchar sus reclamos, entendió cuál era el motivo de su amargura (4:26-28).

III .EL HIJO DE LA SUNAMITA RESUCITA (4:21-37)

Nota complementaria
El báculo de Eliseo era símbolo de su oficio y de la autoridad que Dios le había dado. Al enviar el báculo delante de él, Eliseo hacia acto de presencia antes de llegar en persona (v. 2:8; Exodo 4:1-4; 17:8-l3). Al colocar Giezi el báculo sobre la cara del niño muerto, garantizaba su protección hasta que el profeta llegara. Esto le daba a entender a la mujer que Eliseo, bajo el poder de Dios, y no del báculo, haría el milagro de resucitar al niño, lo que se lograría por fe y oración (W. 30, 33) (Eduardo A. Hernández. Biblia de estudio: LBLA. 2 Reyes 4:29).

Tan pronto supo de la pena que afligia a la sunamita, Eliseo envió a sucriado con la orden: tomami báculo en tu mano, y w… y pondrás mi báculo sobre el rostro del niño (4:29). La mujer, sin embargo. no estaba dispuesta a regresar sin la compañía del profeta.

Así que Eliseo se encamina detrás del siervo. El criado sigue las instrucciones de Eliseo, pero el niño no responde. Se han dado diversas explicaciones al hecho de que Giezi haya fracasado en su misión. Quizá la más probable sea demostrar que el poder de los milagros no reside en un objeto, ni siquiera en la persona. Los milagros son obra de Dios. y son posibles a través de la fe y la oración sincera.

Eliseo entró al aposento donde se encontraba el niño. y cerró la puerta tras ambos. Comenzó a orar por el muchacho y luego se tendió sobre él. Después se paseó de un lado a otro. quizá en oración ferviente. Entonces las señales de vida se manifestaron. El cuerpo del niño empezó a entrar en calor. y después de un rato el muchacho estornudó siete veces y abrió sus ojos. Ante esta triple evidencia de vida, el profeta llama a Giezi y le pide que haga venir a la madre. ¡Qué momento de suspenso para la sunamita, cuando oye que el siervo de Dios la llama! Con su propia respiración casi detenida por la expectación, con una lógica aceleración de los latidos de su corazón, pensando que sus esperanzas estaban por cumplirse. corre hacia el profeta. Eliseo la
recibe con el niño sano y con frescura de vida y le dice: Toma tu hijo. Aquí constatamos de nuevo el calibre espiritual de la mujer. Antes de abrazar a su hijo. como sería lógico esperar. entró en el cuarto , se echó a los pies del profeta y se inclinó a tierra. en expresión de profunda gratitud. Y después tomó a su hijo y salió (4:37). Tal es la actitud que hemos de mostrar al Señor por sus favores recibidos.

No siempre los milagros ocurren de forma instantánea, a veces se dan de manera progresiva. Es por eso que no deben faltar la fe ni la perseverancia en la oración. En su infinita sabiduría, el Señor obra de diversas maneras. No caigamos en la desesperación si no vemos resultados inmediatos.

CONCLUSIÓN

La sunamita era una mujer generosa, hospitalaria. Su actitud hacia el profeta Eliseo fue recompensada grandemente. Dios le concedió la dicha de abrazar un hijo como premio a sus atenciones al enviado de Jehová. El Señor no pasa por alto lo que sus hijos hacen a favor de otros, especialmente a los siervos de Dios (Mateo 10:41).

La tragedia en el hogar de la sunamita, nos enseña que muchas veces Dios permite que sus fieles pasen a través de inexplicables pruebas y aflicciones. En tales casos, no perdamos la fe. Acudamos a quien sí puede ayudarnos. No olvidemos. además, que . . . a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien (Romanos 8:28). Siempre habrá un propósito de bendición para quienes. como la sunamita. confíen en Dios
y sean fieles hasta el final.

fuente: libro de Milagros eccad. Dominical
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